¿Por qué es tan importante usar EPIS en el trabajo?

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En cualquier entorno laboral, el cuerpo está en movimiento constante. Caminamos, cargamos peso, manipulamos herramientas, repetimos gestos, respiramos el aire del lugar donde trabajamos y nos adaptamos a ruidos, temperaturas y ritmos diferentes. Los EPIS, surgen para acompañar todo eso, para envolver la jornada de una sensación de seguridad que nos ayuda a trabajar con más tranquilidad.

Sin embargo, en algunos trabajos no se percibe como algo “obligatorio”, a pesar de que es lo único que puede protegernos de muchísimos peligros. Vamos a conocer por qué su uso es tan importante en el ámbito laboral y qué tipos existen, no te lo pierdas.

¿Qué es un EPI?

Un EPI (o Equipo de Protección Individual) es el conjunto de prendas, accesorios y elementos que cuidan la seguridad y la salud de las personas durante su jornada laboral. Forma parte del día a día de muchos trabajos, y acompaña cada movimiento con la intención de proteger el cuerpo frente a los riesgos propios de cada actividad. Su presencia aporta tranquilidad y refuerza la sensación de control en el entorno de trabajo.

¿Son obligatorios? ¿Qué pasa si no lo llevas en ciertos oficios?

En trabajos con riesgos específicos, el uso de este tipo de equipos está regulado por normas que establecen la forma en que deben cuidarse las personas mediante equipos adecuados.

La Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Laborales obliga a que las empresas faciliten y garanticen el uso de los EPIS cuando los riesgos no pueden eliminarse por otros medios. Las normas europeas, como las directivas de la Unión Europea sobre equipos de protección individual, detallan los requisitos de seguridad que estos equipos deben cumplir para que ofrezcan protección real.

De esta forma, cuando se trabaja en sectores como la construcción, la industria, la electricidad o la sanidad, las empresas aplican estas normas para que cada persona disponga de su equipo. Seguir estas regulaciones cuida la salud física, apoya la confianza durante la jornada y ayuda a que las tareas se desarrollen con serenidad.

En contraparte, no llevar el equipo que exige la normativa expone el cuerpo a impactos, caídas, ruido o sustancias que podrían causar lesiones. Por eso se entiende, que la aplicación de estas normas garantiza que el entorno laboral sea seguro, y que la salud de las personas que trabajan en él esté bien resguardada.

¿Cuál debemos usar para cada tipo de trabajo?

No existe un EPI que funcione para todos los trabajos, ya que cada profesión tiene sus propios riesgos y necesidades. Por eso, es importante conocer qué equipo usar según qué oficio para sentirnos protegidos mientras trabajamos:

  • Jardineros.

Los jardineros pasan gran parte de su jornada en contacto con tierra, plantas y herramientas, por lo que los guantes de trabajo son fundamentales para cuidar las manos de cortes, rozaduras o posibles irritaciones. Asimismo, un calzado resistente y antideslizante ayuda a mantener la estabilidad sobre suelos irregulares o húmedos, mientras que gafas de protección y mascarillas ligeras se usan al aplicar fertilizantes o pesticidas, protegiendo los ojos y las vías respiratorias.

  • Bomberos.

La labor de los bomberos requiere un equipo de protección muy especializado, como los trajes ignífugos. Éstos cubren todo el cuerpo para resguardarlo frente al fuego y las altas temperaturas. También son necesarios los guantes, pues soportan el calor intenso. Los cascos también son relevantes, ya que evitan lesiones por objetos que puedan caer.

No debemos olvidar tampoco el equipo respiratorio, ya que asegura que puedan inhalar aire seguro en medio del humo; por último, las botas reforzadas también importan, ya que estabilizan cada paso sobre superficies irregulares o escombros.

  • Albañiles y trabajadores de la construcción.

En la construcción los riesgos físicos son constantes, y por eso se exige llevar un calzado con puntera reforzada para proteger los pies de impactos. También cuentan los guantes, pues resguardan las manos al manipular herramientas y materiales pesados, y los cascos, que se encargan de cuidar la cabeza de golpes accidentales.

Asimismo, los chalecos reflectantes aumentan la visibilidad frente a maquinaria en movimiento, y en tareas como soldadura o manejo de productos químicos se suman gafas y mascarillas específicas, asegurando seguridad sin restringir la movilidad ni la precisión del trabajo.

  • Electricistas y técnicos de mantenimiento.

Estos profesionales se enfrentan a riesgos eléctricos y a golpes por herramientas o maquinaria. Por eso deben usar guantes aislantes y calzado adecuado, ya que resguardan al trabajador frente a descargas, mientras que cascos y gafas protegen de impactos o chispas.

De igual forma, la ropa ajustada y flexible les ayuda a moverse con más libertad en espacios reducidos, y los chalecos reflectantes facilitan la visibilidad en entornos con poca luz o tráfico de vehículos.

  • Personal sanitario y de laboratorio.

El contacto con fluidos biológicos, productos químicos y materiales contaminantes requiere guantes de nitrilo, mascarillas con filtros y batas protectoras que cubran la piel y las vías respiratorias. Por otra parte, las gafas o pantallas faciales evitan salpicaduras en los ojos, sin dejar de lado el calzado cerrado, pues protege los pies. Todo esto aporta seguridad y confianza, ayudando a realizar las tareas con precisión y cuidado constante.

  • Cocineros y trabajadores de hostelería.

En cocinas y entornos alimentarios, los riesgos incluyen quemaduras, cortes y resbalones.

Por eso se debe usar siempre calzado antideslizante, pues mantiene la estabilidad, así como guantes resistentes al calor para proteger las manos al manipular ollas y bandejas calientes, y delantal y chaqueta que resguarde la ropa y la piel.

También es común ver gorros o redes en el equipo de protección del cocinero, ya que evitan que caiga pelo sobre los alimentos.

  • Repartidores y personal de transporte urbano.

Los desplazamientos constantes y el contacto con el exterior exigen calzado cómodo y antideslizante que asegure estabilidad, ropa visible y chalecos reflectantes que aumenten la seguridad frente al tráfico, y guantes o ropa resistente que protejan frente a la lluvia, el frío o el calor intenso. Esta protección favorece que la jornada se realice de manera eficiente y segura, manteniendo energía y concentración.

  • Trabajadores de limpieza y mantenimiento.

El uso frecuente de productos químicos y el contacto con superficies húmedas requiere guantes específicos, mascarillas y gafas de protección en determinadas tareas. De igual forma, la ropa resistente protege frente a derrames y el calzado antideslizante reduce riesgos de caídas.

¿Qué elementos forman parte de un EPI?

Uno de los EPIS más habituales es el calzado de seguridad. De hecho, en Epis Lucentum destacan que el calzado de seguridad es uno de los EPIS que más presente está en sectores como la construcción, la industria, la logística o los almacenes. Este tipo de calzado protege los pies frente a impactos, presión continuada y superficies irregulares. Además, contribuye a mantener una postura más estable durante la jornada, algo que el cuerpo agradece especialmente cuando se pasan muchas horas de pie.

Las manos también tienen un papel protagonista en la mayoría de trabajos, por lo que los guantes ocupan un lugar muy importante dentro de los equipos de protección. Existen guantes diseñados para tareas mecánicas, sanitarias, químicas o de precisión. Su diseño ayuda a proteger la piel y, al mismo tiempo, conservar la sensibilidad necesaria para trabajar con soltura.

La protección de la cabeza también resulta esencial en entornos donde se trabaja con maquinaria, alturas o materiales suspendidos. Los cascos de seguridad están pensados para absorber impactos y proteger frente a golpes accidentales. En otros contextos se utilizan gorras de seguridad, más ligeras y cómodas, que ofrecen protección sin limitar el movimiento.

La protección visual también forma parte del equipamiento habitual en muchos puestos de trabajo. Las gafas de seguridad y las pantallas faciales protegen los ojos frente a polvo, partículas, salpicaduras o luz intensa.

En espacios con niveles elevados de ruido, la protección auditiva ayuda a crear un entorno más amable para el oído. Se usan tapones y orejeras para reducir el impacto del sonido constante y así tener una experiencia laboral más tranquila.

La protección respiratoria también tiene un papel fundamental en trabajos donde hay polvo, vapores o partículas en suspensión. Para combatir este problema se usan mascarillas y equipos filtrantes que se adaptan al tipo de ambiente y permiten respirar con mayor comodidad.

La ropa de protección completa el conjunto de EPIS. Prendas impermeables, ropa ignífuga o chalecos reflectantes ayudan a cuidar la piel, regular la temperatura corporal y mejorar la visibilidad; estas prendas están diseñadas para acompañar el movimiento natural del cuerpo y reforzar la sensación de profesionalidad.

Uso consciente, formación y cuidado a largo plazo.

Por último, para que los EPIS cumplan su función resulta importante conocer su uso correcto. Ajustarlos bien, mantenerlos en buen estado y utilizarlos de forma habitual forma parte del cuidado personal en el trabajo. Este uso consciente facilita que los EPIS se integren de manera natural en la rutina diaria.

La formación en prevención ayuda a comprender la función de cada equipo y su importancia dentro del entorno laboral. Cuando se entiende cómo actúa cada EPI, el uso se vuelve más fluido y consciente. A largo plazo, este tipo de equipos ayudan a cuidar articulaciones, piel, sentidos y sistema respiratorio. Este cuidado continuo se refleja en una mejor calidad de vida, tanto dentro como fuera del trabajo; por eso incorporar los EPIS como hábito diario es una forma sencilla de apostar por el bienestar.

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