Los viajes de trekking y de multiaventura viven un gran momento en España

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En nuestra España, los viajes de multiaventura y trekking son una experiencia extraordinaria con la que se puede descubrir todo nuestro territorio a fondo. La posibilidad de caminar por senderos encantadores por la montaña, descender por cañones cristalinos o pedalear junto a ríos. Nos encontramos ante escapadas con las que se despiertan los sentidos y que son ideales para aquellos que buscan una adrenalina suave que se mezcla con paisajes espectaculares, todo ello sin necesidad de utilizar el pasaporte.

La tranquilidad de caminar sin prisas

Sin duda que hay algo que es mágico cuando uno se ata las botas y comienza el camino, con la mochila ligera y el aire limpio y fresco llenando los pulmones. El trekking, como nos confirman los expertos de Tabei Adventures, nos lleva por una serie de veredas en las que es posible subir y bajar, bosques que acompañan y vistas increíbles. No hablamos de correr, sino de saborear cada paso que damos, donde el sonido del crujir de las hojas bajo nuestros pies se valora.

Todas estas rutas nos invitan a desconectar del día a día de la ciudad. Gracias a ello, los adultos encuentran por fin la paz y los niños pueden vivir aventuras saltando sobre raíces o viendo a los animales en su medio natural. Las familias enteras se unen y pueden hablar de lo divino y de lo humano, porque las risas y los silencios unen. Cuando acaba el día, el poder llegar a un refugio rural con vistas bucólicas hace que toda la jornada haya merecido la pena.

En busca de la dosis justa de adrenalina

Los viajes en los que se disfruta de la multiaventura son especiales y le dan una chispa muy necesaria. Imagínate bajando por cascadas resbaladizas donde el agua fría es protagonista o la posibilidad de remar en aguas tranquilas flanqueadas por acantilados.

Son de esas actividades en las que es posible sacar el espíritu juguetón de cada persona. Los chapuzones inesperados logran provocar carcajadas y un rappel corto consigue acelerar nuestro corazón sin agobios. Lo bueno que tiene España es que dichos rincones proliferan, son accesibles y contamos en nuestro país con monitores expertos en nuestro país que conocen todos los rincones más atractivos. Si tienes un grupo de amigos y buscas retos compartidos, este tipo de experiencia une y consigue sacar de todos lo mejor. Unos se animan a otros en los tramos que pican para arriba y luego comparten la satisfacción y las risas al acabar.

Los niños más grandes prueban lo valientes que son al utilizar las tirolinas en los valles y los más pequeños los miran con admiración. Una mezcla de seguridad y emoción que engancha y mucho, que deja recuerdos de esos que se suelen contar año tras año en las sobremesas de amigos o de la familia.

Una naturaleza que nos abraza

Nuestro país tiene una gran variedad de paisajes que son perfectos para este tipo de viajes. Hablamos de las montañas de infarto, valles verdes en los que perderse y costas en las que el mar consigue tocar los acantilados. El trekking logra sumergirse en bosques de gran densidad en los que el tiempo se detiene, y la multiaventura consigue aprovecharse de los ríos para realizar descensos en kayak o cuevas que esconden sorpresas.

Algo bueno a lo que debemos hacer mención es que estos lugares curan. El contacto con la tierra, el olor a bosque o el roce del viento consiguen restaurar nuestra energía que parecía  estar agotada por la ciudad y su estrés. Las familias regresan de este tipo de las experiencias multiaventura con la piel bronceada por el sol, con su cuerpo cansado, pero con un felices por la experiencias vividas.

En el camino se forjan grandes vínculos

Hablamos de unos viajes en los que se tejen lazos de esos que no se ven, pero que se sienten. El caminar en fila india, adaptándose al ritmo del que va más lento, nos enseña a ser pacientes y empáticos. Cuando afrontamos una bajada complicada, la mano tendida de los compañeros es algo más que un apoyo físico; hablamos de confianza mutua. Los padres ven cómo crecen los hijos con sus triunfos, que pueden ser desde coronar un collado hasta el cruce de un puente colgante. Amigos de hace muchos años logran redescubrir la complicidad entre ellos en esas charlas que se hacen en las paradas para comerse un bocadillo de tortilla de patata.

Hay magia en las noches bajo las estrellas y que se desarrollan alrededor de la clásica fogata, donde las historias fluyen con libertad y las risas llenan el aire fresco. Son unos momentos alejados de pantallas y de prisas, que logran crear recuerdos para siempre.

Ritmos adaptados a todo el mundo

Algo bueno que tienen el trekking y la multiaventura es que se adaptan a todo tipo de niveles. Existen rutas suaves para los que están comenzando, donde se pueden realizar paradas para hacer fotos y merendar. Otras son más intensas para aquellos que buscan recompensa y sudor. En el caso de la multiaventura, también es posible modularla, como por ejemplo desde dar paseos en bicicleta por senderos llanos asequibles para toda la familia a un barranquismo ligero con toboganes naturales para jóvenes.

Un bienestar duradero

Cuando se tiene que volver a la rutina, los efectos de estos viajes se notan. Los cuerpos están más fuertes y las mentes mucho más claras. Se descubre un gusto renovado por las cosas simples. En muchos casos, lo que ocurre es que las familias añaden las caminatas cortas a sus fines de semana, ya que quieren recordar esa sensación de avanzar de manera conjunta. Este tipo de viajes nos enseña una resiliencia sutil en la que la superación de un tramo resbaladizo equivale a la posibilidad de afrontar retos de la vida diaria. Los niños aprenden a saber escuchar a su cuerpo y los adultos sueltan un poco ese control en el que viven su día a día.

Una huella profunda

Esta clase de viaje deja poso. Los niños crecen con amor al mundo de la naturaleza y la montaña. Los adultos vuelven a descubrir pasiones que creían dormidas. Las familias cada vez son más fuertes, hasta el punto de que las vacaciones son tradicionales anuales. La multiaventura y el trekking no son solamente paseos, son puentes a uno mismo y a los demás.

En un mundo que vive acelerado, el poder darse el lujo de disfrutar estos días es un acto de inconformismo. España nos permite, con su gran diversidad, disfrutar de senderos abiertos y ríos juguetones que están listos para poder escribir nuevas historias al aire libre.

Despertar los sentidos olvidados

Lo que ocurre con el trekking es que logra despertar aquellos sentidos que teníamos adormecidos. Desde oír el murmullo de un riachuelo a tocar una corteza de un árbol o el olor de la tierra mojada después de la lluvia. La multiaventura intensifica los sentidos, el roce del agua en la piel o el viento en la cara cuando se produce un descenso. Los grupos regresan con unas conversaciones mucho más ricas. Todo ello forma parte de una terapia natural, accesible y transformadora.

Armonía con el entorno

La conciencia con este tipo de viajes aumenta, ya que los niños aprenden a amar lo que están pisando y los adultos valoran más esos paraísos cercanos tan frágiles. Los viajes no conquistan, es que suponen un diálogo con la naturaleza y los que los realizan salen de ellos con una gran gratitud. ¿A qué esperas para probar?

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