Cuando el intestino se enferma: EII

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Por el intestino pasa todo lo que ingerimos. Si esta parte del organismo se enferma, las consecuencias afectan a todo el organismo en mayor o menor medida. La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) es el término general en el que se engloban diversas afecciones que generan hinchazón e inflamación en los tejidos que componen el tracto digestivo. Los tipos más comunes son la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, cuyos síntomas incluyen dolor abdominal, diarrea, sangrado rectal, cansancio extremo y pérdida de peso. En algunos casos, la enfermedad inflamatoria intestinal supone una enfermedad leve, pero en otros se convierte en una afección debilitante que puede derivar en complicaciones que ponen en riesgo la vida.

Los síntomas varían en función de la gravedad de la inflamación y la zona en la que se produzca. Es posible que la persona que la padece pase por periodos en los que la enfermedad esté activa seguidos por periodos en los que remite. Cuando se presentan cambios duraderos en los hábitos intestinales o se sufre alguno de los síntomas de la enfermedad inflamatoria intestinal, conviene acudir al médico, ya que, aunque no se trata de una enfermedad mortal, sí puede ser grave y causar complicaciones que ponen en riesgo la vida.

Esta enfermedad es un trastorno que produce la inflamación del aparato digestivo. La inflamación es la reacción que tiene el organismo cuando se produce una lesión, infección o irritación y puede producir enrojecimiento, hinchazón y dolor. En el caso de la enfermedad inflamatoria intestinal, hablamos de un trastorno crónico que dura toda la vida, en el que el intestino y el aparato digestivo sufren inflamación en determinados momentos. No existe cura para esta afección, pero los tratamientos disponibles ayudan a su control.

Colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn

Como ya hemos mencionado y nos corroboran en el Centro Quirúrgico Calero & Manzano, donde operan estas afecciones en caso de que produzcan estenosis, perforaciones o quistes, estas enfermedades son las más habituales dentro de la enfermedad inflamatoria intestinal. En el caso de la colitis ulcerosa, se produce una inflamación extensa e ininterrumpida en la mucosa interna del colon. Aparte de la inflamación, se pueden presentar úlceras en la mucosa del colon, lo que puede derivar en sangrado y producir mucosidad. Existen tres tipos de colitis ulcerosa en función de la parte afectada:

  • Proctitis en la que se afecta únicamente el recto.
  • Colitis izquierda que implica la inflamación del recto y la parte izquierda del colon.
  • Colitis total o pancolitis, que afecta a todo el colon.

Por otro lado, la enfermedad de Crohn puede producir inflamación en cualquier parte del intestino, siendo más frecuente en la parte del íleon en el intestino delgado o en el colon en el intestino grueso. A diferencia de la inflamación extensa e ininterrumpida que presentan las personas que padecen colitis ulcerosa, los pacientes con enfermedad de Crohn padecen una inflamación fragmentaria que se puede extender hacia las capas más profundas de las paredes del intestino, a diferencia de la colitis, que se limita a la superficie. Una enfermedad de Crohn activa puede afectar a la capacidad del organismo a la hora de digerir los alimentos, absorber los nutrientes y eliminar los desechos.

Los factores de riesgo para padecer alguna de estas enfermedades son varios, aunque se desconoce la causa que las origina. Dentro de los factores genéticos, encontramos los genes hereditarios que pueden hacer que una persona sea más propensa a desarrollar la enfermedad de Crohn. Aquellas personas que tienen un familiar cercano con enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa tienen un riesgo más elevado a la hora de desarrollar alguna de ellas.

Dentro de los factores de riesgo asociados y que no tienen relación con la genética, una reacción patológica del sistema inmunitario a las bacterias intestinales puede desembocar en una EII. Así como algunos factores ambientales como la exposición a virus, bacterias, la dieta, el tabaquismo, el estrés y algunos medicamentos. Vivir en áreas urbanas o países desarrollados, la raza, ya que su incidencia es mayor en la raza blanca y la edad, siendo más frecuente entre los diez y los cuarenta años.

Los síntomas de ambos trastornos pueden ser muy diferentes en función del paciente, sobre todo teniendo en cuenta el grado de inflamación y la localización. Tanto la enfermedad de Crohn como la colitis ulcerosa pueden provocar muy poca sintomatología o ninguna, al mismo tiempo que pueden volverse activas y provocar síntomas o empeorarlos, a lo que se denomina exacerbación.

Entre los síntomas más comunes que pueden presentar, encontramos el sangrado rectal, más frecuente en la colitis ulcerosa, el dolor de tripa, la diarrea, el cansancio, sensación general de malestar, la fiebre, úlceras en la boca, pérdida de apetito, pérdida de peso y anemia.

En el caso de las personas que padecen enfermedad de Crohn, se pueden desarrollar estenosis o fístulas. La estenosis es el estrechamiento de algunas zonas del intestino a causa del tejido cicatricial que produce la inflamación y cicatrización reiteradas. Las fístulas son canales o pasajes que se forman entre un órgano interno y otro o hacia la superficie exterior.

Las personas que padecen estas enfermedades pueden sufrir perforaciones en la pared del intestino con la inflamación muy activa o bien obstrucciones, pudiendo generar fugas de contenido intestinal. Una complicación poco frecuente pero potencialmente mortal es el megacolon tóxico, una acumulación extensa y grave de gases que provoca la hinchazón del colon, aumentando el riesgo de que se produzcan una infección y un shock.

Algunos de los síntomas o problemas que pueden causar fuera del aparato digestivo son la inflamación de las articulaciones o artritis, inflamación y enrojecimiento de los ojos, zonas de la piel enrojecidas, hinchadas o con ampollas, llagas en la boca, fragilidad en los huesos u osteoporosis y piedras en el riñón.

Diagnóstico y tratamiento

La sintomatología que presente un paciente puede ser un claro indicativo de que se padece alguna de estas enfermedades intestinales. No obstante, el médico puede hacer una serie de pruebas con las que confirmar sus sospechas y el diagnóstico. Un análisis de sangre o de heces se realiza de forma habitual para evaluar si se presenta inflamación en el cuerpo y si se debe a una infección concreta. Con la endoscopia, se introduce un tubo largo con una cámara por el ano o la boca para ver el recto y el colon o el esófago y el estómago, respectivamente. Esta prueba se realiza si el análisis indica inflamación.

Otra de las pruebas que se realizan para obtener un diagnóstico más preciso es la capsuloendoscopia, en la que el paciente se traga una cápsula que contiene una cámara y luz con la que se toman fotografías del aparato digestivo. Menos utilizada que la endoscopia, ya que puede no ser adecuada para algunos pacientes debido a la ubicación de la enfermedad o el estrechamiento causado por la estenosis.

La resonancia magnética, el TC y la ecografía se utilizan para localizar la enfermedad inflamatoria intestinal y determinar la extensión de la misma o comprobar si hay fístulas.

Es muy probable que sea necesario que el paciente se realice estas pruebas de forma periódica para comprobar la gravedad del trastorno, su evolución y si los tratamientos son eficaces.

Las opciones de tratamiento se destinan a controlar la inflamación y suprimir los síntomas, alcanzando la remisión para poder continuar sin síntomas gracias al tratamiento regular que mantiene la enfermedad controlada.

Puesto que la principal causa de los síntomas es la inflamación, la mayoría de los tratamientos se centran en su reducción. Para ello se recurre a los antiinflamatorios esteroideos, que incluyen los corticoesteroides, los inmunodepresores y los fármacos biológicos. Al mismo tiempo, se les puede administrar un fármaco para un síntoma concreto, como puede ser la diarrea. Si un paciente presenta un trastorno especialmente grave o requiere un tratamiento de respuesta rápida, es probable que tenga que tomar más de un medicamento al mismo tiempo, haciendo que algunos fármacos tengan mayor efectividad.

En algunos casos, como ya anunciábamos anteriormente, es posible recurrir a la cirugía para tratar la enfermedad. Estas intervenciones se llevan a cabo con mayor frecuencia en los pacientes que padecen enfermedad de Crohn y presentan estenosis en el aparato digestivo, para eliminar las partes muy inflamadas del intestino.

Las intervenciones quirúrgicas se realizan con mayor frecuencia en la colitis ulcerosa, siendo uno de cada cuatro pacientes el que termina recurriendo a ellas. Con frecuencia se trata de pacientes que presentan una colitis ulcerosa de gravedad con exacerbaciones regulares y con frecuencia presentan pancolitis en vez de otros tipos de colitis. La intervención más común que se realiza para la colitis ulcerosa es la extirpación total del colon y el recto, conocida como proctocolectomía, o la extirpación de parte del colon. En la actualidad, se siguen realizando investigaciones de tratamiento para aquellos pacientes con enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa cuyo organismo no da respuesta o deja de hacerlo cuando sigue un tratamiento con antiinflamatorios.

En resumen, las enfermedades inflamatorias intestinales son trastornos que afectan al aparato digestivo, provocando inflamación de forma crónica y que, aun no teniendo cura, no son graves salvo casos concretos y se pueden tratar para paliar los síntomas, llevando una vida prácticamente normal.

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