La salud en los centros de trabajo es un asunto de capital importancia. Aumenta la productividad al tiempo que reduce el número de bajas por enfermedad. Por esta razón es cada vez mayor el número de empresas que invierten en dispositivos y sistemas para crear ambientes saludables de trabajo. Te hablamos de algunos de ellos.
Desde que se produce la revolución industrial en Inglaterra, la segunda mitad del siglo XVIII, la lucha contra la penosidad y por la creación de espacios laborales seguros, desde el punto de vista de la salud, ha seguido una dinámica constante. Muchos de estos avances se han conseguido gracias a la lucha de los trabajadores, pero como pone de manifiesto la aparición de la Escuela de las Relaciones Humanas, una corriente en cuanto a la organización del trabajo que se funda en EE.UU. durante los años 20, este es un punto en el que trabajadores y empresarios coinciden, aunque desde intereses distintos.
Hoy, muchas empresas son conscientes de que crear espacios de trabajo saludables aumenta la productividad de sus empleados. Establece unas condiciones adecuadas para que el trabajador enfoque su potencial en las tareas que le ha asignado la empresa. Sin interferencias y distracciones que son lógicas y que van dirigidas a proteger su propia salud.
En la actualidad, todo centro de trabajo, hasta unas oficinas o una tienda, tienen un plan de seguridad e higiene. Que busca minimizar los accidentes y enfermedades en el trabajo. Además de las medidas de seguridad propias de cada actividad, aspectos como la limpieza o la climatización de los espacios se ha convertido en condiciones básicas.
Pero no queremos hablar de ellas. Si no de soluciones que en este campo de la salud en el trabajo representan un plus. Que van más allá.
Ionizadores de aire.
La compañía Air Quality Prosescan, pionera en la comercialización de sistemas de purificación de aire mediante sistemas de ionización bipolar N.B.P.I., cuentan que estos sistemas no solo mejoran el aire que se respira en los centros de trabajo, reduciendo el impacto sobre la plantilla de enfermedades de infección vírica y bacteriana y mejorando las afecciones respiratorias, sino que crean un campo energético que reduce la fatiga mental y muscular y mejora el bienestar del trabajador.
La ionización del aire es un fenómeno físico mediante el cual las moléculas del aire adquieren una carga eléctrica positiva o negativa. Este fenómeno no es artificial, se produce de forma en la naturaleza, especialmente en entornos como bosques, montañas, costas o tras una tormenta eléctrica. La acción del viento, el movimiento del agua y los rayos del sol generan iones negativos que contribuyen a que el aire se perciba más limpio y fresco. Esa sensación de bienestar que muchas personas experimentan en espacios naturales está directamente relacionada con la mayor concentración de iones negativos en el aire.
Los ionizadores de aire artificiales buscan reproducir este mismo proceso en espacios cerrados. A diferencia de los purificadores tradicionales, que se limitan a hacer pasar el aire por filtros para retener partículas, los ionizadores actúan sobre la carga eléctrica del aire. Mediante un sistema eléctrico controlado, liberan electrones que se adhieren a las partículas presentes en el ambiente, modificando su polaridad. Al cambiar su carga, estas partículas tienden a agruparse o a perder estabilidad, lo que dificulta que permanezcan suspendidas en el aire.
En el caso de los sistemas de ionización bipolar N.B.P.I- (Needlepoint Bipolar Ionization), el funcionamiento es especialmente eficiente. Estos dispositivos generan simultáneamente iones positivos y negativos, imitando con mayor fidelidad los procesos naturales. Ambos tipos de iones se dispersan por la estancia y reaccionan con contaminantes microscópicos como bacterias, virus, alérgenos o compuestos orgánicos volátiles, alterando su estructura y reduciendo su capacidad de propagación.
Al contribuir a obtener un aire más limpio, la ionización ayuda a crear un entorno interior más equilibrado. En espacios de trabajo cerrados, donde el aire se renueva poco, este tipo de tecnología puede mejorar la sensación de frescor y reducir el cansancio. Por ello, la calidad del aire, junto con otros factores como la iluminación o la ergonomía, se considera hoy un elemento clave para el bienestar en los centros de trabajo.
Los filtros H.E.P.A.
Los filtros H.E.P.A. son sistemas de purificación y limpieza del aire que llevan tiempo utilizándose en espacios higiénicos como quirófanos y laboratorios, y que cada vez son más frecuentes en hogares y oficinas.
Como explica el periódico ElDiario.es, son mallas de fibra de vidrio muy tupidas que crean un laberinto en el que quedan atrapadas hasta las partículas más diminutas que flotan en el aire. Tamizando de esta manera el aire ambiente.
La tecnología H.E.P.A. (High Efficiency Particulate Air) logra atrapar hasta el 97,3% de las partículas minúsculas (de hasta 0,3 micrones) que subsisten en el aire. Esto incluye polvo, polen, moho, ácaros, virus y bacterias.
Las mallas logran retener las moléculas de mayor tamaño, mientras que las más pequeñas, quedan adheridas a estas por medio del movimiento brownianao. Los pliegues de las mallas, junto a la atracción que ejercen las otras partículas, crean un campo magnético que retiene partículas microscópicas.
Esta es una tecnología avanzada, que no tiene nada que ver con los filtros más habituales que utilizan los sistemas de climatización y purificación de aire, que suelen emplear carbón activado. Este carbón, aunque efectivo, solo actúa sobre partículas en estado sólido. Mientras que la tecnología H.E.P.A. puede llegar a tamizar y descomponer algunos gases.
También es un sistema diferente a los ionizadores de aire, de los que hemos hablado antes. Los filtros H.E.P.A. limpian el aire, con una gran eficacia; pero no cambian la polarización del mismo. Por tanto, esa sensación de recarga energética, de refresco mental y físico, que sí producen los ionizadores de aire, no se consigue en la misma medida con estos purificadores.
A pesar de ello, podemos decir que con los filtros H.E.P.A. se frena exponencialmente la propagación de enfermedades contagiosas como la gripe y se minimiza el impacto de las alergias. Todo eso sin olvidar lo agradable que resulta trabajar en un espacio con el aire tan limpio.
Mobiliario ergonómico.
Muchas de las dolencias que sufren los trabajadores están ocasionadas por posturas forzadas mantenidas a lo largo del tiempo. Algunos colectivos, como los transportistas, llevan tiempo luchando porque estas dolencias se reconozcan como enfermedades profesionales. Aunque, en la actualidad son considerados problemas comunes de salud.
Pasar 8 horas al día sentado en una silla que no está adaptada al cuerpo, frente a un escritorio con un ordenador, puede terminar ocasionándonos desviación de columna y dolores en las cervicales.
De ahí lo importante que es la ergonomía en el mobiliario de oficina. La ergonomía en el trabajo se ha transformado en toda una disciplina dentro del campo de la seguridad e higiene laboral. Consiste en adaptar el entorno de trabajo a las características físicas del trabajador; en lugar de que sea el cuerpo del trabajador el que se adapte al entorno.
En este sentido, las sillas de oficina deben ser móviles, propiciar que la espalda se mantenga recta, describiendo un ángulo de 90 grados frente a las piernas y disponer de un reposacabezas.
La mesa de oficina y la silla deben estar sincronizadas a una altura suficiente como para que los brazos descansen de manera natural sobre el teclado del ordenador. Sin tener que forzar la postura.
La colocación de reposapiés en los puestos de oficina es otro complemento que vemos cada vez en los centros de trabajo. Fomentan una postura más natural al sentarse, facilitando la circulación de la sangre y aliviando el cansancio físico.
Lámparas de luz diurna.
La luz más beneficiosa para el cuerpo humano es la luz solar. Este es una realidad que te puede reconocer cualquier médico.
Permanecer toda la jornada laboral en un espacio cerrado, iluminado por luz artificial, soportando el impacto que sobre nuestra retina producen las pantallas de ordenador y dispositivos electrónicos, pueden provocarnos con el tiempo daños severos en la vista. Además de una sensación de cansancio acumulado que afecta a nuestro rendimiento y a nuestra salud física y mental.
Por esta razón, la industria ha ido creando lámparas que imitan la luz natural y que cada vez se instalan más en oficinas y espacios cerrados de trabajo. Es lo que la Universidad de Sevilla llama ergonomía óptica.
Estas lámparas ofrecen una iluminación más potente sobre el espacio de trabajo, con unos 3.500 lúmenes aproximadamente, y con un brillo frío, nítido y blanco, que permite una descomposición en colores, a través de una lupa, parecida a la de la luz solar.
Con estas lámparas se contrarrestan los efectos negativos que sobre el cuerpo producen los espacios cerrados, la iluminación artificial (durante periodos prolongados de tiempo) y los destellos de las pantallas electrónicas.
De manera indirecta, este tipo de luz, fomenta la concentración, combate la fatiga y crea un entorno relajado que contribuye a prevenir accidentes cardiacos.
Estas luces las podemos encontrar en lámparas de sobremesa enfocadas a la cara del trabajador y en lámparas de techo.
Estos son algunos ejemplos de dispositivos que mejoran la salud en los centros de trabajo. Con el tiempo irán apareciendo más.