La imagen que tenemos de una consulta dental ha cambiado bastante durante los últimos años. Aunque seguimos encontrando elementos que todos reconocemos, como el sillón, el instrumental o la clásica luz situada sobre nuestra cabeza, actualmente también existen equipos capaces de obtener información digital muy detallada sobre dientes y otras estructuras de la boca. Algunas tecnologías permiten incluso trabajar con representaciones tridimensionales que el profesional puede observar desde diferentes perspectivas para estudiar determinadas situaciones y planificar tratamientos.
Para quienes no estamos relacionados con la odontología, hablar de imágenes 3D puede sonar bastante más complicado de lo que realmente necesitamos entender. Básicamente, la diferencia está en que una imagen convencional nos ofrece información en dos dimensiones, mientras que determinados sistemas permiten reconstruir digitalmente estructuras en tres dimensiones. Esto puede ayudar al profesional a estudiar relaciones anatómicas que no siempre se aprecian de la misma manera en una imagen plana.
Parece interesante cómo una tecnología que asociábamos principalmente con la industria, la ingeniería o el diseño se ha ido incorporando también a ámbitos sanitarios. Sin embargo, disponer de herramientas más avanzadas no significa que tengan que utilizarse siempre. La tecnología es un apoyo para el profesional y será este quien determine qué pruebas necesita cada paciente según su situación.
De las imágenes tradicionales a una visión en tres dimensiones
Las radiografías llevan muchísimo tiempo formando parte de la odontología porque permiten observar información que no podemos ver simplemente mirando dentro de la boca. Una exploración clínica continúa siendo fundamental, pero existen zonas y estructuras que necesitan otros métodos para poder estudiarse. Por eso las pruebas de imagen pueden complementar la información obtenida durante una revisión y ayudar a comprender mejor qué ocurre.
La Asociación Dental Americana explica que las radiografías permiten ayudar a diagnosticar daños y enfermedades que no son visibles durante una exploración dental convencional. También señala que la necesidad y frecuencia de estas pruebas debe determinarse teniendo en cuenta aspectos individuales como el estado de salud oral, la edad, el riesgo de enfermedad y la presencia de signos o síntomas. Esto es importante porque la tecnología 3D no sustituye automáticamente a todas las técnicas anteriores ni debería utilizarse de manera indiscriminada.
La principal diferencia que podemos entender fácilmente es la cantidad y el tipo de información que obtenemos. En determinadas situaciones, una representación tridimensional permite desplazarnos digitalmente por diferentes planos y observar relaciones entre estructuras que pueden resultar importantes para el diagnóstico o la planificación. Es parecido, salvando las distancias, a la diferencia entre mirar el plano de un objeto y poder observar una reproducción tridimensional del mismo desde distintos ángulos.
El CBCT permite obtener información tridimensional de determinadas estructuras
Una de las tecnologías relacionadas con la imagen 3D en odontología es la tomografía computarizada de haz cónico, conocida habitualmente por las siglas CBCT. Según explica la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos, estos sistemas giran alrededor del paciente y utilizan un haz de rayos X con forma cónica para obtener los datos necesarios para reconstruir una imagen tridimensional de estructuras dentales, orales y maxilofaciales.
Esto permite estudiar dientes y estructuras relacionadas desde diferentes perspectivas. En lugar de quedarnos únicamente con una representación plana, el profesional puede trabajar con información tridimensional y observar diferentes cortes de la zona estudiada. Dependiendo del caso, puede ser útil para valorar aspectos relacionados con implantes, determinados dientes que presentan posiciones anómalas, estructuras maxilares, traumatismos o situaciones relacionadas con la endodoncia.
Ahora bien, que esta tecnología pueda ofrecer más información no significa que una prueba 3D sea siempre mejor que una radiografía convencional. El CBCT utiliza radiación ionizante y normalmente supone una dosis superior a la de las radiografías dentales convencionales, aunque generalmente inferior a la de otros tipos de tomografía médica. Por esta razón, debe existir una justificación clínica para realizar la prueba y utilizarla cuando la información que puede aportar resulte necesaria para el caso concreto.
Las imágenes tridimensionales pueden resultar útiles al planificar implantes
La colocación de un implante dental necesita una planificación previa en la que deben valorarse diferentes aspectos. No se trata simplemente de elegir el lugar en el que falta un diente y colocar allí un implante. El profesional necesita estudiar las características de la zona, las estructuras anatómicas próximas y otros factores que pueden influir en la planificación del tratamiento.
Las imágenes tridimensionales pueden aportar información que permita estudiar la anatomía desde diferentes planos. El CBCT puede utilizarse en la planificación de implantes, pero también para visualizar determinados dientes, estudiar los maxilares y las estructuras faciales o analizar algunas situaciones relacionadas con la endodoncia y los traumatismos dentales. De esta forma, el profesional puede disponer de información adicional antes de tomar determinadas decisiones y observar con mayor detalle zonas que pueden resultar importantes durante la planificación de un tratamiento.
Esto no significa que podamos mirar una imagen 3D y saber automáticamente cómo debe realizarse un tratamiento. La información tiene que ser interpretada por profesionales con la formación correspondiente y relacionada con la exploración clínica y el resto de datos disponibles. La tecnología aporta información, pero la decisión clínica continúa dependiendo del conocimiento y la valoración profesional.
Un escáner intraoral y un CBCT no son exactamente lo mismo
Cuando escuchamos expresiones como escáner dental o tecnología 3D podemos pensar que todos los aparatos realizan prácticamente la misma función, pero no es así. Un escáner intraoral y un equipo CBCT trabajan de formas diferentes y proporcionan información distinta. Comprender esta diferencia puede evitar bastante confusión cuando acudimos a una clínica y nos hablan de digitalizar nuestra boca.
Un escáner intraoral puede utilizarse para obtener una impresión digital de dientes y otras superficies visibles. El dispositivo se desplaza por el interior de la boca y va capturando información que posteriormente permite generar un modelo digital. Este tipo de archivo puede emplearse en determinados trabajos relacionados con coronas, alineadores, férulas, restauraciones, prótesis o guías, dependiendo de las necesidades de cada tratamiento. La odontología digital permite además utilizar esos datos dentro de diferentes programas de diseño y planificación.
Por otro lado, el CBCT utiliza rayos X y permite obtener información de estructuras que no podemos capturar simplemente fotografiando o escaneando la superficie de los dientes. Por eso ambos sistemas pueden ser complementarios en determinadas situaciones, pero no intercambiables. Uno puede mostrarnos con mucho detalle las superficies digitalizadas de la boca, mientras que el otro permite estudiar determinadas estructuras internas y relaciones anatómicas.
La tecnología también ha cambiado la manera de fabricar determinadas prótesis
La digitalización no termina cuando conseguimos una imagen de nuestra boca. Los datos obtenidos mediante determinados sistemas pueden incorporarse posteriormente a programas informáticos en los que se diseñan restauraciones, modelos, prótesis u otros elementos. Aquí aparecen conceptos como CAD y CAM, unas siglas que hacen referencia al diseño y la fabricación asistidos por ordenador.
Podemos imaginar el proceso de una manera sencilla. Primero necesitamos obtener información sobre la boca y la zona en la que vamos a trabajar. Después, esos datos pueden utilizarse para diseñar digitalmente el elemento necesario y, según el procedimiento empleado, pasar posteriormente a una fase de fabricación. Esto no elimina el trabajo del profesional, sino que cambia algunas de las herramientas con las que puede realizarlo.
Entre las posibilidades que encontramos dentro de la odontología digital está la obtención de impresiones digitales de dientes y encías, que permiten crear modelos tridimensionales de determinadas zonas de la boca. Esta información también puede utilizarse para planificar algunos tratamientos, diseñar restauraciones o prótesis mediante programas informáticos y elaborar determinadas guías que sirven de apoyo durante algunos procedimientos.
Además, trabajar con información digital permite comparar datos obtenidos en diferentes momentos del tratamiento y observar determinados cambios de una manera más sencilla. Lo interesante no es simplemente que todo aparezca en una pantalla, sino la posibilidad de conectar diferentes fases del trabajo dentro de un mismo proceso digital y utilizar esa información como apoyo para conocer mejor la situación de cada paciente.
Los programas informáticos ayudan a trabajar con toda esa información
Obtener una imagen tridimensional sería poco útil si después no pudiéramos analizarla adecuadamente. Una parte fundamental de esta evolución se encuentra precisamente en el software. Los programas permiten visualizar información, realizar diferentes cortes, observar las estructuras desde distintas perspectivas y utilizar determinados datos durante la planificación de tratamientos. De esta manera, la odontología digital no depende únicamente del aparato que captura la imagen. Se recuerda desde la clínica Quintana 1 Dental que actualmente pueden utilizarse herramientas como sistemas de diseño y fresado por ordenador CAD/CAM, equipos de radiología y software dental 3D dentro del diagnóstico y la planificación odontológica. La combinación de estas tecnologías permite trabajar con información digital durante distintas fases y comprender mejor por qué la transformación de las clínicas dentales va mucho más allá de sustituir una radiografía tradicional por una imagen que podemos observar en una pantalla.
En realidad, la parte más importante continúa siendo interpretar correctamente toda esa información. Tener una imagen con muchísimo detalle no sirve de demasiado si no sabemos qué estamos observando o cómo relacionarlo con el problema del paciente. Por eso estas tecnologías deben entenderse como herramientas que complementan la experiencia y los conocimientos del profesional, no como sistemas que toman decisiones de manera independiente.
Una imagen más avanzada no significa que siempre tengamos que utilizarla
La tecnología suele producir una sensación curiosa, porque tendemos a pensar que cuanto más moderna sea una herramienta, mejor será en cualquier circunstancia. En medicina y odontología esto necesita muchos matices. Una prueba diagnóstica tiene sentido cuando existe una razón para realizarla y cuando la información obtenida puede resultar útil para tomar una decisión relacionada con el paciente.
Las recomendaciones publicadas conjuntamente en 2026 por la Asociación Dental Americana y la American Academy of Oral and Maxillofacial Radiology insisten precisamente en que la selección de radiografías 2D y estudios CBCT 3D debe basarse en las necesidades individuales del paciente y estar precedida por una exploración clínica que permita determinar si las imágenes son necesarias. Dicho de una forma sencilla, no necesitamos realizar todas las pruebas disponibles simplemente porque exista la tecnología para hacerlas.
Este punto me parece especialmente importante porque ayuda a evitar la idea de que una consulta más tecnológica necesariamente debe realizar más pruebas. En realidad, utilizar bien la tecnología también significa saber cuándo no hace falta utilizarla. Una radiografía convencional puede ser suficiente para determinadas situaciones y una exploración clínica puede resolver otras cuestiones sin necesidad de recurrir a una imagen tridimensional. Cada herramienta tiene una utilidad concreta y debe elegirse teniendo en cuenta la información que realmente necesita el profesional. De esta manera, la tecnología se convierte en un apoyo para conocer mejor nuestra boca sin realizar pruebas que no aporten información necesaria en ese momento.
La odontología del futuro será cada vez más digital, pero seguirá necesitando profesionales
La evolución de la odontología digital probablemente continuará durante los próximos años. Ya tenemos escáneres intraorales, radiología digital, CBCT, sistemas CAD/CAM, programas de planificación, impresión 3D y herramientas capaces de conectar información procedente de diferentes fuentes. Algunas de estas tecnologías llevan años utilizándose, mientras que otras continúan evolucionando y ampliando sus aplicaciones.
Todo esto puede ayudarnos a entender mejor qué ocurre cuando entramos en una clínica y vemos al dentista trabajando delante de una pantalla con una representación tridimensional de nuestra boca. No está observando simplemente una imagen llamativa. Dependiendo de la prueba realizada, puede estar analizando dientes, raíces, estructuras óseas, espacios anatómicos o modelos digitales que después utilizará como apoyo para el diagnóstico o la planificación.
Sin embargo, por muy avanzada que sea la tecnología, nuestra boca sigue necesitando una valoración individual. Dos personas pueden presentar situaciones aparentemente similares y necesitar planteamientos diferentes. Las imágenes 3D permiten conocer determinados aspectos con un nivel de detalle que hace años resultaba mucho más difícil conseguir, pero siguen siendo una pieza dentro de un proceso más amplio. La exploración, la experiencia profesional, nuestra historia clínica y los síntomas que explicamos continúan teniendo un papel fundamental. La verdadera utilidad de la tecnología no está en utilizarla por ser moderna, sino en conseguir que ayude a comprender mejor cada caso y a tomar decisiones con más información.